Vietnam + Bangkok + Angkor Wat - Octubre 2012 -

¡No uno, ni dos, sino tres países de una tirada!

Bueno, lo cierto es que el objetivo de este viaje era Vietnam y, de paso, Angkor Wat, en Camboya, pero para intentar acortar los desplazamientos nos salía más a cuenta lo que hemos hecho: aterrizar en Bangkok, que está relativamente cerca de la frontera con Camboya, visitar Angkor Wat, atravesar Camboya y recorrer Vietnam de sur a norte para hacer el viaje de vuelta desde Hanoi.


Bangkok

Sólo un par de días para conocer la capital del Sudeste Asiático. Entre que acabábamos de aterrizar de un viaje de unas 20 horas, la humedad y altas temperaturas unidas al cambio horario nos han obligado a tomarnos las cosas con calma y no hemos podido disfrutar de la visita todo lo que nos habría gustado. La ciudad de Bangkok tiene una población de más de 8 millones de habitantes (para hacerse una idea del tamaño) así que creemos que merecería la pena pasar una semana para poder ver todo tranquilamente.

Aún así hemos podido disfrutar de los magníficos templos y palacios, de la vida en las orillas del río, con su intenso tráfico fluvial, y la vida nocturna de Khao San Road, la animada zona de mochileros con sus cientos de tiendas, bares, restaurantes y otras atracciones para la gran cantidad de turistas que se aloja en la zona.

Si algún día nos animamos a visitar Tailandia pasaremos algunos días más en Bangkok para poder disfrutar a fondo de esta interesante y cosmopolita ciudad.






El buda tumbado, nuestro preferido. En el templo de Wat Pho se encuentra este descomunal buda de 46 metros de largo, totalmente cubierto de pan de oro, que resulta impresionante porque está prácticamente encajado en el edificio que lo alberga





Uno de los templos más bonitos, el Wat Benchamabophit, o templo de mármol





Y, para acabar, una vista de la ciudad desde el Wat Arun, al otro lado del río Chao Phraya



Imprescindible: coger uno de los barco-autobús urbano para moverse por la ciudad, probar un Thai Pad en uno de los puestos ambulantes y empezar a familiarizarse con el tamaño de las cervezas locales :)


*****


Tras un par de días, nos echamos las mochilas a la espalda y nos ponemos en marcha camino de Siem Reap, en Camboya, para visitar los templos de Angkor, la octava maravilla del mundo y primero de los destinos planificados inicialmente.

Madrugón para salir bien temprano de Bangkok y llegar a una hora razonable a Siem Reap.

Tras unas cuatro horas de autobús llegamos a la frontera entre Tailandia y Camboya. Tras los trámites de salida de Tailandia cruzamos a pie los 200 metros que separan un país del otro y nos encontramos con una de las imágenes más impactantes del viaje: dejamos atrás un país más o menos desarrollado, con sus autobuses, taxis, etc, y entramos en otro donde lo primero que nos encontramos es gente tirando de carromatos con mercancías (¿no tendrán una triste vaca o caballo?) entre un caos de suciedad y desorden. La imagen nos es familiar, hay algo que hace que no podamos evitar pensar en India pero lo más impactante es el gran contraste en los pocos metros que separan ambos países.


Pasamos sin problemas el control de pasaportes con nuestro visados electrónico comprado por internet (e impreso en casa). No deja de ser irónico que uno de los países más pobres tenga el sistema de emisión de visados más práctico que hemos visto hasta la fecha.



Llegados a Siem Reap no perdemos ni un minuto. Cogemos un tuk-tuk que nos lleve directamente a los templos, a pocos kilómetros de la ciudad. Aprovechamos para hacer la foto más conocida en el templo de Angkor Wat al atardecer y acordamos con un tuk-tuk comenzar la visita del día siguiente a las 5 de la mañana. ¡Va a tocar madrugar!





No sabemos si por suerte o por desgracia pero a las 4 de la mañana llueve a cántaros así que decidimos darnos media vuelta en la cama y posponer la visita hasta las 8.

Primer contacto con los templos y con las gentes del lugar. Todo está lleno de vendedores (recuerdos, puestos de comida, bebidas frías,...) y de niños que no paran de perseguirte para pedirte un dólar por todo. Resultan un poco agobiantes (problemas del turismo masivo) pero en el fondo se les ve buena gente. Incluso si no tienen nada que ofrecerte o si pasas y no les compras nada te tratan con amabilidad y no paran de sonreír. Son agradables.

Los templos, increíbles. Hasta que no estás allí es imposible hacerte una idea de las dimensiones y grandeza del complejo de Angkor. Nosotros, siempre a la carrera, nos hemos tenido que conformar con un par de días para visitarlo pero se pueden emplear tres o cuatro días para verlo todo tranquilamente.

El primer día hemos hecho un recorrido en tuk-tuk por los templos más alejados y el segundo día, a pie, por los centrales.





Los templos, abandonados durante varios cientos de años hasta su descubrimiento moderno, en el siglo XIX, han sido invadidos en gran parte por la vegetación, lo que confiere al conjunto un aspecto misterioso y de película de aventuras.

En la actualidad, equipos de varios países trabajan en las labores de restauración de los diferentes templos.

Aquí un simpático niño que estaba jugando atrapando escarabajos; ¡mirad los enormes bichos que tiene sobre la camiseta!



Estos árboles, que recuerdan el queso de una fondue, son superchulos





Aquí, en el templo de Bayón con sus espectaculares caras talladas en piedra





Y para acabar el día y relajarnos, un buen masaje de pies. Al principio da un poco de cosa meter los pies ahí y las cosquillas que te hacen los peces te pone la piel de gallina pero cuando le coges el gusto ya no quieres sacar los pinreles del agua.




De esta corta visita a un área tan pequeña de Camboya no se pueden sacar grandes conclusiones. Aún así, nos gustaría hacer una observación sobre la gente que nos hemos encontrado. En general nos hemos sentido tratados con amabilidad y las muestras de simpatía han sido constantes y parecían sinceras. Las sonrisas son de verdad. Medio en bromas medio en serio, en más de una ocasión hemos considerado cambiar el destino del viaje y quedarnos en este país en vez de continuar hacia Vietnam, aunque todo el trabajo previo de búsqueda de información, etc, ha hecho que descartemos finalmente la idea. ¡Bueno, ya volveremos! ;)

En pocas palabras, si alguna vez habéis pensado en visitar Angkor Wat, no lo dudéis, no os defraudará.


Las relaciones entre Vietnam y Camboya parece que no son muy buenas y cada vez que les decimos a los camboyanos que seguimos el viaje hacia Vietnam nos dicen "Uy, uy, uy! Los vietnamitas no son buenos!" A ver, a ver... :)

En fin, seguimos ruta hacia Vietnam. Cogemos un autobús nocturno que nos lleva a Phnom Penh, capital de Camboya, y desde allí, sin detenernos en la ciudad, seguimos hasta Ho Chi Minh City (Saigón) en el sur de Vietnam, con una única parada para atravesar a pie la frontera que separa ambos países. El atravesar la frontera esta vez ha sido menos traumatizante que de Tailandia a Camboya.


*****


Después de haber viajado durante toda la noche, llegamos a Ho Chi Minh City, donde no tenemos intención de hacer noche por el momento. Si encontramos la manera de llegar a la estación de autobuses continuaremos el viaje un poco más hacia el sur, a Can Tho, para visitar los mercados flotantes del Delta del Mekong.

La última parada de nuestro autobús nos deja en la zona de mochileros de Saigón, en Phạm Ngũ Lão, lo cual no está nada mal si piensas quedarte en la ciudad, pero a nosotros nos hace flaco favor.

Decidimos coger un autobús urbano para ir hasta la estación de autobuses; parece sencillo ya que en las inmediaciones hay una línea que va directa. Cambiamos unos cuantos euros a dongs... ¡somos millonarios! (cada euro equivale a unos 25000 dongs).

Montamos en autobús urbano y tenemos nuestro primer contacto con el "temperamento vietnamita" del que tanto hemos oído hablar. Nos hemos sentado en la segunda fila del autobús y durante el trayecto, por alguna razón que desconocemos, el conductor no deja a nadie sentarse delante de nosotros, les manda a todos para atrás. Tras diez minutos en el autobús el conductor empieza a jurar en arameo, a voces, y hace amago de parar. Sospechamos que pide a la gente que se siente o que se calle o algo (desafortunadamente no hemos aprendido vietnamita antes de venir). Cinco minutos después hace efectivas sus amenazas y detiene el autobús en medio de la calle (para el motor) mientras sigue dando gritos hasta que la gente está completamente en silencio (y acojonada, claro). Nosotros nos contenemos la risa para no cabrearle más. Imaginaos la situación con el conductor, levantado, dando voces a todo el mundo. ¡Menudo carácter!

Por fin llegamos a la estación de autobuses donde se pelean, desde las ventanillas, para que les compremos el billete. Nos decidimos por una de las compañías al azar y un muchacho nos conduce al microbús que nos va a llevar hasta Can Tho. Somos los únicos extranjeros del autobús y este va cargado hasta los topes: en el pasillo hay de todo, botes de pienso para pollos, cajas, etc, y debajo de nuestras piernas lo mismo; no hay espacio así que tenemos que ir con las piernas flexionadas y nos espera un viaje de cuatro horas más!! Paciencia...

Durante el viaje vamos hablando de una cosilla que habíamos leído en algunos blogs sobre este tipo de viajes y es que, a veces, a los turistas los dejan tirados en medio de la nada para que tengan que coger un taxi que "casualmente" se encuentra en el lugar. Efectivamente, a unos 10 km. del destino (tras unas 21 horas de viaje desde que salimos de Angkor, para que os hagáis una idea de nuestro estado) paran el autobús y nos dicen, a los dos únicos turistas del autobús, que nos bajemos. Nadie más se mueve. Ni caso. "Que bajéis", "¡Que no!", "Que bajéis", "¡Que no!". Primer asalto para los turistas. El autobús sigue su camino. Segundo asalto: diez minutos después, la misma historia, sólo que esta vez tras más de cinco minutos de tira y afloja nos sacan las mochilas del maletero y las dejan en la acera así que no nos queda más remedio que desistir y bajarnos del autobús, donde nos espera "casualmente" un taxista que, por otra parte, se queda con un palmo de narices cuando cogemos las mochilas y echamos a andar diciéndole en perfecto castellano que se vaya a tomar por el ****. Por suerte no nos pinta demasiado mal ya que tras preguntar a algunos lugareños en lenguaje de signos (aquí muy pocos hablan inglés) conseguimos llegar al hotel que buscábamos en unos 30 minutos de marcha. Bajo un sol de justicia, eso sí.

Por fin en Can Tho, en el Delta del Mekong. Merecido descanso y, al día siguiente, nuevo madrugón para visitar los mercados flotantes.





Los barcos más grandes, en el mercado del río Mekong, cuelgan de una vara los productos que venden para que los compradores los puedan identificar fácilmente



Aquí, en otro de los mercados que visitamos, en uno de los canales del río principal, donde la venta se realiza al por menor entre pequeñas barcas, aprovechamos para desayunar un poco de fruta fresca bien rica



Tras el paseo por los mercados visitamos una fábrica de noodles donde tras triturar el arroz y mezclarlo con agua para convertirlo en una pasta, se hacen las láminas mostradas en el vídeo, que se dejan secar al sol para luego pasarlas por un máquina que las corta y las convierte en los finos noodles de las riquísimas sopas (Phở) que nos estamos zampando durante el viaje. El proceso completo es prácticamente manual





Una niña que nos espía escondida tras los pilares de lo que parece su casa




El uso de la hamaca es bastante corriente en Vietnam y con frecuencia se ve a la gente echándose una siestecilla a la puerta de casa.

Tras los dos últimos días que llevamos bien nos hemos merecido una cervecita, ¿no?





De vuelta en Ho Chi Minh City, tras un viaje un poco más tranquilo que el de ida, sobre todo porque hemos decidido coger una línea de autobuses un poco más fiable que en el viaje de ida (¡hasta teníamos aire acondicionado!).

Siguiendo esta costumbre local que tanto nos ha gustado, nos desayunamos un riquísimo Phở gà antes de afrontar el día



Aunque aún faltan bastantes días, hemos aprovechado para comprar los billetes de tren para varios de los trayectos que vamos a hacer en Vietnam ya que hemos leído que las plazas para ir tumbados se agotan enseguida. No hemos conseguido billetes para la clase que queríamos pero al menos iremos tumbados. A ver, a ver...


Visitamos la pagoda china del Emperador de Jade





y llegamos caminando hasta el Museo de Recuerdos de la Guerra, de donde hemos salido impactados. Aunque ya sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, el hecho de ver tal cantidad de fotografías de las barbaridades que cometió EEUU durante la guerra de Vietnam (torturas, matanzas, efectos de los productos químicos utilizados, ...) nos ha horrorizado.

Seguimos caminando por la zona de la catedral, hasta la zona del ayuntamiento,



la ópera y el barrio de los negocios donde destaca la torre Bitexco, exponente del gran desarrollo de la ciudad como centro económico de Vietnam, que se mezcla con lo más tradicional del día a día de la calle




El recuerdo que nos llevamos de Ho Chi Minh City es el de una ciudad cosmopolita, dinámica y bulliciosa donde cruzar un paso de peatones es jugarse el tipo :)

Seguimos hacia el norte. Vuelo de Saigón a Da Nang para visitar el pueblo de Hoi An, donde esperamos poder relajarnos. Por cierto, en Saigón hemos tenido un rifirrafe con el taxista que nos ha llevado al aeropuerto porque pretendía cobrarnos peajes que ni habíamos pasado. Te relajas un momento y te la lían. Con esta gente hay que estar continuamente alerta para que no te timen. Nos lo hemos tomado con humor aunque la verdad es que este tipo de situaciones empiezan a cansarnos un poco.

Dejamos las mochilas en el hotel y ¡salimos corriendo a la playita a meternos a remojo! Un par de días supertranquilos con playas casi vacías (las cosas buenas de viajar en temporada baja), largos paseos en bici entre arrozales, con sus correspondientes búfalos, y cenas a la luz de los farolillos



En estos cascarones se lanzan al mar los pescadores locales



Aquí otros en una barca más clásica, en un río



Atardecer en los arrozales inundados



El contraste entre lo tradicional: un hombre transportando su carga en los típicos cestos que llevan sobre el hombro



y lo moderno (relativamente): una joven haciéndose una sesión de fotos enfundada en su traje de gala



En Hoi An existen innumerables talleres de artesanía y tiendas donde fabrican farolillos de colores. Al caer la noche se encienden en cada calle, tienda y restaurante de la ciudad antigua y pasearse por las calles con la iluminación multicolor resulta algo mágico. Parece como si el pueblo estuviera permanentemente de fiesta. Aquí debemos haber hecho unas 1000 fotos :)





De Hoi An salimos en dirección a Hue. A pesar de los buenos comentarios que habíamos escuchado de Hue no hemos tenido la oportunidad de visitar la ciudad a fondo ya que el único día que teníamos planeado estar allí ha estado lloviendo a cántaros y no hemos podido hacer casi nada. Visitamos el Palacio Imperial, que nos defrauda un poco, quizás por el día tan malo que hemos pillado.

Una foto del sleeping bus que nos llevó de Hoi An a Hue. Es más o menos cómodo y relativamente rápido. Eso si el autobús no pincha y tarda más de dos horas en arreglar la rueda en un taller de mala muerte en medio de la nada como nos ha pasado a nosotros :)



En Hue aprovechamos para ir al supermercado. Aquí unos gusanillos, que no hemos osado probar, en la sección de carnes. Y, cosas de la globalización, ¡venden las galletas de Aguilar de Campoo! ;)




Dejamos atrás Hue, sin pena ni gloria, y nos dirigimos hacia la región de Ninh Binh. Probamos, por primera vez los trenes de Vietnam. Hemos cogido un tren nocturno en la estación de Hue que ha llegado con una hora de retraso. Nos esperamos algo similar a lo que experimentamos en los trenes de India y, efectivamente, todo es bastante parecido.

Subimos al tren y nuestras literas están ocupadas por otros viajeros que se han aprovechado de nuestra ausencia aunque, esta vez, nos ceden las plazas sin tener que insistir. Nos acomodamos e intentamos dormir un rato y, aunque parezca mentira, lo conseguimos. El viaje, eso sí, se hace largo. Por nuestros cálculos, el tren lleva una velocidad media de 40-50 km/h. Por la mañana pasamos un buen rato con un una niña vietnamita de unos 3 años que nos ve como algo raro. Acabamos cantando el "cumpleaños feliz" que, por lo visto, es internacional.




Llegados a Ninh Binh, decidimos coger un taxi que nos lleve al pueblo de Tam Coc, donde tenemos pensado pasar un par de días. Conseguimos una habitación en el hotel que buscábamos y nos cogemos unas bicis para ir a ver la puesta de sol a Mua Cave, desde donde hay unas vistas impresionantes del río y los campos de arroz entre las montañas cársticas.

Nos han explicado que la región de Tam Coc, con sus montañas, es como la bahía de Halong pero en tierra firme. La verdad es que el paisaje es magnífico.





Al día siguiente hacemos el típico paseo en barca por el río. Tam Coc significa "Tres cuevas". Durante el paseo en barca se atraviesan las tres cuevas que dan nombre al pueblo; la mayor de ellas tiene 125m de largo y unos 2 metros de alto.

Una de las curiosidades de esta región es que la gente se dirige a los turistas en francés y no en inglés. Vietnam fue colonizado por Francia a mediados del siglo XIX y nosotros, a la hora de comenzar el viaje, pensábamos que íbamos a poder hablar en francés con los locales por todo el país, sin embargo en casi todas las zonas turísticas la gente utiliza el inglés por lo que nos sorprendió gratamente que la gente de Tam Coc tuviera un mejor nivel de francés que de inglés.

Lo más interesante, algo que no habíamos visto hasta ahora, es que los locales son capaces de remar con los pies con la misma habilidad que lo hacen con las manos. Según se van cansando alternan entre manos y pies para hacer avanzar la barca por las tranquilas aguas que inundan los arrozales



Dejamos la barca y nos damos otro paseíto en bici





De vuelta en el pueblo nos encontramos un mercado local. Aquí la carnicería y la pescadería



y unos señores matando el tiempo jugando al ¿¿??



De nuevo en ruta. Cogemos un autobús que nos lleva a Hanoi aunque no tenemos intención de parar allí por el momento. El minibús es como el que nos llevó a Can Tho pero esta vez las cosas han salido un poco mejor y nos han dejado en la verdadera estación de autobuses. De todas formas, para ahorrarnos disgustos, hemos hecho todo lo posible por informarnos entre la gente que viajaba en la camioneta sobre cuál era la parada final del autobús.
Nos dirigimos a la estación de trenes donde cogeremos el tren que nos llevará al norte, cerca de la frontera con China, en la provincia de Lào Cai. Una vez confirmados los horarios buscamos un hotel donde dejar las mochilas y todo el peso que podamos para ir más cómodos. Después volveremos a pasar por Hanoi y recogeremos las mochilas. En este viaje no nos apetece demasiado el bullicio de las ciudades por lo que estamos utilizando los grandes núcleos urbanos más que nada como puntos de paso hacia otras zonas un poco más tranquilas.


En Hanoi hacemos una breve visita a la ciudad, donde disfrutamos de una de las especialidades locales, el Bún chá, una sopa de noodles con cerdo a la parrilla que está de muerte. A los amantes de la comida oriental les va a gustar este país :)



Visitamos el Templo de la Literatura, que hemos encontrado invadido por una multitud de adolescentes ataviados con sus mejores trajes y vestidos. Hemos preguntado a uno de los chavales, que nos ha explicado que se trata de toda la promoción de jóvenes de Hanoi que va a estudiar Telecomunicaciones el siguiente curso y que ha venido a ¿¿pedir fuerza y suerte para los años venideros de estudios??

Visita a las inmediaciones del mausoleo de Ho Chi Minh. El cuerpo embalsamado del antiguo presidente de la República Democrática de Vietnam, que habitualmente se encuentra aquí, se ha ido a pasar sus vacaciones anuales de mantenimiento, a Rusia, así que tenemos que conformarnos con visitar los jardines y la pagoda del pilar único.



Decidimos coger un taxi para acercarnos al barrio francés y, en lo que ha sido un momento de distensión, nos fiamos de un hombre que sale a nuestro paso y que parece buena gente. Tras 5 minutos en el taxi nos damos cuenta de que el paisano nos empieza a dar vueltas y de que el taxímetro va bastante más rápido de lo que debería así que pedimos que nos pare y nos bajamos. ¡Es increíble! Bajas la guardia un momento y te la intentan meter doblada. Es una pena tener que estar continuamente a la defensiva para evitar que te tomen por tonto y te timen, lo que, por otro lado, nos ha acarreado algún que otro problema por haber sido demasiado recelosos con otra gente que, a priori, no tenía malas intenciones.

El caso es que hemos intercambiado impresiones antes, durante y después del viaje, con gente que ha estado en Vietnam y parece que todo el mundo guarda el mismo recuerdo de la gente de este país. Es una pena pero parece que la única intención de la gente que está en contacto con los turistas es arrancarles un dólar con malas artes (nos acordamos continuamente de lo que nos dijeron los camboyanos sobre los vietnamitas).

Intentamos comprar entradas para el Teatro de Marionetas de Agua pero parece que es demasiado popular ya que la sesión está completa. ¡El próximo pase para el que hay entradas es pasado mañana!

Nos damos un paseo por la catedral, cena y ¡al tren!. Para ir a Sapa hemos cogido plazas de cama "dura". Nos entran todos los males pensado en lo que significará la palabra "dura" pero finalmente no es tan malo como pensamos. Los compartimentos de "hard sleeper" son de 6 personas en vez de 4, como los "soft sleeper" y con el colchón un poco más fino pero suficiente para dormir. Nos encontramos con una pareja de alemanes que hablan español con acento mejicano :). Nos echamos una parladilla, matamos una super-cucaracha que quiere hacer el viaje con nosotros, instalamos los bártulos de una vietnamita que diríamos que está de mudanza, porque se lleva hasta una televisión de pantalla plana en el tren, y nos echamos a dormir. Tapones para los oídos, luces fuera, zzzz....


Hemos dormido más o menos bien. Llegamos a Lao Cai. En cuanto el tren para ya hay 3 o 4 chicos, taxistas, que han subido al tren y han entrado hasta los compartimentos, avasallando a todo el mundo para ofrecer su taxi (¡por favor, dejadnos bajar del tren, al menos!).

Por cierto, este tren ha batido el récord de velocidad: ¡300 km. en 10 horas! Echad cuentas pero, vamos, creemos que no era el AVE precisamente. Menos mal que estamos haciendo los viajes de noche, dormidos.

Antes de ir a Sapa queremos ir a Bac Ha, a un mercado local que hay los domingos. Estamos con la pareja de alemanes y otras turistas alemanas que hemos encontrado en el tren, pero no conseguimos negociar un precio razonable para el grupo completo con los minibuses para ir a Bac Ha, así que dejamos el grupo de alemanes y cogemos otro autobús que va directo a Sapa.

Al final tenemos suerte porque al llegar a Sapa vemos que hoy hay mercado y podemos disfrutar del animado ambiente con las mujeres de las diferentes etnias de la región: Hmong, Dzao... Por los diferentes tipos de vestimentas y colores, en Sapa se pueden diferenciar hasta una decena de etnias diferentes.

Casi todos los puestos del mercado venden artículos típicos de la región aunque, por desgracia, queda muy poco de producto local hecho a mano y casi todo son artículos de fábrica que intentan colarte como artesanal. En cualquier caso, merece la pena visitar el mercado y la región. El colorido de las vestimentas de las diferentes etnias inunda cada rincón.



Aunque no solemos hacer recomendaciones tenemos que decir que en Nomad Trails, en Sapa, hay unos chicos europeos, Cédric y Olivier, que nos han tratado verdaderamente bien. Sin esperar que contratásemos nada con ellos nos han informado de todas las rutas, actividades y puntos interesantes a visitar en la comarca.

Nos hemos alquilado una moto y nos hemos ido a dar una vuelta valle abajo.

Las mujeres Hmong pasan el tiempo tejiendo, lo que hace que la mayor parte de ellas tenga las manos teñidas de color azul, por las fibras que usan para sus telas, como ésta



Aquí los arrozales típicos en terrazas en las laderas de las montañas



Dos  niños que vuelven de recoger el rebaño de búfalos



Una mujer Dzao en el mercado ¿haciendo algo como enhebrar una aguja o algo parecido?





Aunque el valle de Sapa es una región de turismo masivo, lo que hace que todo pierda la autenticidad, nos hemos ido encantados con sus gentes y la tradición que se respira en sus pueblos.

Hemos conocido una mujer Dzao, Tame, que ha sido bastante amable y agradable con nosotros y a la que le hemos comprado unos cuantos bordados (creemos que son auténticos bordados hechos a mano)  para decorar unos cojines o alguna otra cosilla en casa.

Nos vamos de Sapa con la cantinela de las niñas, que intentan vendernos una pulsera o un recuerdo, en la cabeza: "Buy one from me!, buy one from me!"


Volvemos a Hanoi en tren "hard sleeper" con la intención de continuar hacia la Bahía de Halong. En el compartimento vamos 5: nosotros, dos señoras vietnamitas cincuentonas y un ratón. El ratón es minúsculo pero nos inquieta que pueda meterse entre el saco de dormir y el colchón así que, una vez apagadas las luces, haciendo el menor ruido posible y pertrechados de una linterna le hacemos entender que tiene que irse a dormir a otro lado. No hemos hecho muchos viajes de este tipo pero parece que nos hemos hecho a este tipo de situaciones: cucarachas, ratones, los compartimentos con más mierda que el palo de una gallinero... ¡y aún así conseguimos dormir! Será el cansancio.

Otra cosa muy diferente son las señoras vietnamitas cincuentonas que no paran de hablar a voces entre ellas, o por teléfono, sin el mínimo respeto por la gente que viaja en el compartimento y a pesar de que las mandamos callar en varias ocasiones. ¡Menos mal que se han bajado del tren a mitad de camino y aún nos queda un rato para dormir!


Llegados a Hanoi recogemos las mochilas que habíamos dejado a guardar en un hotel y nos vamos a la agencia de viajes de donde sale el autobús para Halong. El viaje va tocando a su fin.

Llegamos a Halong y cogemos un barco que nos llevará, atravesando la bahía, hasta la isla de Cat Ba. Lo que nos encontramos en Halong es, efectivamente, como lo que vimos en Tam Coc pero en el mar. ¡Impresionante!



Durante el viaje nos encontramos con una chica de Québec que está teniendo un montón de problemas porque ha contratado un viaje que, en principio, incluía el transporte completo (bus + barco + bus) hasta la isla de Cat Ba pero le están haciendo pagar de nuevo por cada uno de los transportes. Aquí hay un montón de agencias que venden todo tipo de viajes sin ninguna garantía por lo que hay que tener bastante cuidado con lo que se contrata y paga y, aun así, casi siempre toca pelear por lo ya pagado.



Hemos decidido alquilar una moto para visitar el Parque Nacional y pasar el día recorriendo las carreteras de la isla; mañana haremos un poco de kayak en el mar.Otra vez tranquilos sin los agobios de las grandes ciudades. Paz... ¡o no!


 El alquiler de la moto nos ha costado unos 4 euros y el depósito, al llenarlo, ¡¡ha costado lo mismo!!. El dueño de la moto nos ha llevado a llenar el depósito en una gasolinera que "él conocía" y en un despiste parece que nos han tomado el pelo una vez más.

Cuando te alquilan una moto te la dan con el depósito vacío de manera que, cuando la devuelves, ellos aprovechan la gasolina restante.
Ya hemos aprendido de sus formas y hemos decidido que al final de la jornada vamos a vender la gasolina que nos sobre únicamente para que no se la quede el dueño y se ría de nosotros. Sólo son un par de dólares pero no tenemos ganas de hacer una vez más los pardillos así que, ni cortos ni perezosos, hemos recorrido los puestos del pueblo donde venden gasolina ofreciéndola hasta que, tras cuatro o cinco puestos donde no se fiaban de nuestras intenciones (la verdad es que tiene que ser raro de cojones ver a un turista intentando venderte gasolina), hemos dado con unos que han aceptado sacarla del depósito con una goma (ellos la venden en botellas de plástico de agua reutilizadas y a precio de oro - 2,5 dólares la botella de litro y medio). Casi la hemos regalado pero el buen rato que hemos pasado negociando el precio e intentando hacer comprender que no queríamos comprar sino vender, no ha tenido precio. Se quedaban a cuadros cuando compredían que les vendíamos a ellos, jeje. Han debido pensar "estos turistas están mal de la cabeza". En fin, el segundo momento de gloria ha llegado cuando el dueño de la moto ha visto el nivel y, con cara de no entender qué podíamos haber hecho para gastar toda la gasolina, ha mirado por arriba y por abajo a ver si había alguna fuga, ha abierto el depósito para mirar dentro, etc, etc. Todo sin decirnos una sola palabra, por supuesto, jeje. (Antes de coger la moto nos habían dicho que con medio depósito había para dar mil vueltas por la isla).



Aprovechamos el último día para hacer kayak. En Cat Ba Village alquilamos un kayak que nos entregan en el puerto de Ben Beo. Dicho puerto se encuentra a sólo 15 minutos a pie del pueblo de Cat Ba y parece menos turístico. Efectivamente, somos los únicos turistas en las aldeas flotantes de la bahía y pasamos el día remando entre los barcos, casas y barcas de pescadores locales







Una última vista de la bahía al atardecer...



... y vuelta a Hanoi donde cogeremos el vuelo que nos llevará de regreso a casa :'(

Como siempre, nos va a costar volver a la realidad.

Tenemos que decir que, en términos generales, Vietnam nos ha gustado: sus magníficos paisajes, sus bulliciosas ciudades, su cultura milenaria y su cocina. Aún así nos queda la "espinita" de la gente que está en contacto con el turismo y su manera de intentar aprovechar la mínima oportunidad para sacarle un dólar al turista de turno, y todo engañándote y con malas maneras.

Una última sorpresa nos espera en el aeropuerto de Hanoi. Hemos sacado en el cajero los últimos dongs para comprar algunos recuerdos, postales, etc, pero llegados al área internacional del aeropuerto, y sin posibilidad de cambiar de nuevo los dongs, nos encontramos los precios están sólo en dólares y el cambio que aplican es totalmente arbitrario y abusivo. ¡La última en la frente! 

En cualquier caso y, como casi siempre, ¡un viaje recomendable!


Aquí algunas de las curiosidades que hemos encontrado en este viaje.

Las super-mariposas, presentes por todo el país (algunas tan grandes como la palma de la mano), y otros bichos como los geckos



La manera de organizar los cables



Esa capacidad de transportarlo casi todo en las motos: cazuelas, tableros, sacos, lechones y hasta frigoríficos :)



y, por supuestísimo, los nems, ¡ñam, ñam¡




¡Buen viaje!


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