Japón - Noviembre 2025 -


¡Konnichiwa!

Nada más bajarnos del metro que nos trae desde el aeropuerto, nos llevamos la primera impresión de Japón: es de noche y el barrio de Akihabara nos recibe con cientos de carteles publicitarios, luces, colorido y, aunque no sea el caso de esta foto precisa, muchísima gente por todos los lados. No en vano, con sus cerca de 40 millones de habitantes, Tokio es una de la ciudades más pobladas del mundo.
Por la mañana, ya descansados, vamos a empezar la visita por el barrio de Asakusa. Nos bajamos del metro junto a la orilla del río Sumida, desde donde hay una bonita vista de la Tokyo Skytree que, con sus 634 metros de altura, es la torre de telecomunicaciones más alta del mundo.
En este momento nos percatamos de que tenemos la cámara de fotos estropeada. Tras varios intentos infructuosos por hacerla funcionar, aceptamos el hecho de que vamos a tener que hacer el resto de fotos del viaje con el móvil. No es ideal pero, bueno, será suficiente para el recuerdo. Al final del viaje veremos que el resultado no ha sido tan catastrófico, la calidad de las fotos es aceptable. No somos, ni mucho menos, fotógrafos profesionales pero sí que nos gusta que las fotos tengan una cierta calidad por lo que siempre que vamos de viaje nos llevamos la cámara.

Nos acercamos hasta el templo Sensō-ji, con su monumental puerta Kaminarimon. La enorme cantidad de gente y los paraguas hacen difícil apreciarla bien.
En el templo disfrutamos de su espectacular pagoda de cinco pisos, el salón principal Hondo, varios santuarios, estatuas y un jardín muy fotogénico a pesar del día gris y lluvioso.
Estas son las primeras chicas locales que vemos vestidas con kimono. Los kimonos, prenda tradicional, se usan en principio para ocasiones especiales como bodas o festivales tradicionales, pero a partir de ahora veremos muy a menudo, por todos los lados, mujeres vestidas con esta prenda. En cualquier caso, es elegante y a nosotros nos acerca un poco más a la cultura tradicional japonesa.
Entre esta puerta y la puerta de Hozomon discurre la calle Nakamise, considerada una de las arterias comerciales más antiguas de Japón. Está repleta de tiendas de recuerdos y de gente y es difícil avanzar.

Caminando por las calles aledañas, llegamos a la calle Kappabashi, muy curiosa, ya que desde hace más de 100 años cuenta con tiendas de enseres de cocina, vajillas, utensilios diversos y reproducciones de platos y alimentos para mostrar en las vitrinas de los restaurantes. Resulta curioso. A pesar de ser domingo bastantes tiendas están abiertas. Por el camino nos encontramos un templo apartado del bullicio, con un cementerio curioso y muy cuidado.

De camino al parque Ueno, nos metemos en la calle Ameyoko y sus vecinas, que son un gran mercado al aire libre, donde, además de tiendas de todo tipo, hay bares y restaurantes al aire libre. Venimos porque es un distrito de electrónica con cantidad de tiendas de artilugios de todo tipo (nuevos o de 2ª mano) y estamos buscando una cámara de fotos nueva pero no vemos ninguna que nos convenza.

Nos han llamado la atención las salas de pachinko así que nos metemos en alguna, a ver el ambiente. El pachinko es un sistema de juego a medio camino entre las máquinas tragaperras y los pinballs; se trata de máquinas que combinan un sistema de vídeo con un juego en el que se introduce una gran cantidad de bolitas de acero que se manejan con un regulador que hace que las bolas caigan hacia abajo con más o menos fuerza proporcionando -o no- más bolitas como premio. Al final de la partida estas bolitas se pueden canjear.

Por lo que hemos visto, el juego depende muy poco de la habilidad del jugador. Las salas, ruidosas, están por todos los lados y parece que los locales, de todas las edades, están bastante enganchados a este juego que para nosotros no tiene demasiado interés.
Ya en el parque Ueno, el más popular de Tokio, con cantidad de lugares para descubrir. Podríamos pasar horas paseando pero vamos directos hacia al estanque Shinobazi (que no está demasiado bonito en esta época), el templo Benten-do (un salón octogonal dedicado a Benten, la diosa del conocimiento, la riqueza y la fortuna), el Santuario Toshogu (al lado de la pagoda de cinco pisos de Kaneiji). Destaca sobre todo por el pan de oro que con el que están decorados la puerta y los detalles. El camino que da acceso al santuario está bordeado por lámparas de bronce. Hay muchos árboles en el parque entre los que destacan inmensos ginkgos, aunque aún es un poco pronto y no tienen su apreciado color amarillo otoñal.

Continuamos caminando hasta llegar a Yanaka, uno de los pocos barrios de la ciudad que no fue bombardeado durante la II Guerra Mundial y que conserva aun un aire tradicional. Visitamos el cementerio de Yanaka Reien y el cercano templo Tennoji.
Y según se va haciendo de noche, caminamos entre sus casas de madera y templos, que nos recuerdan, en cierto modo, a Bali. Es un barrio tranquilo.
De nuevo en Akihabara con su colorido, ruido, maids cafés, gente...


El primer día ha sido largo y estamos cansados. ¡A la cama!

Nos levantamos pronto para ir al mercado de Toyusu pero llegamos tarde para la subasta de pescado; al menos las vistas de la bahía con sol y el cielo despejado son preciosas. Vamos al mercado de Tsukiji donde vemos algún puesto de pescado; nos quedamos un rato viendo cómo cortan los atunes... todo un arte. Desayunamos sushi (uno de mayores placeres que nos ha proporcionado Japón, ¡ñam, ñam!) al calorcillo del sol.
Caminamos por las callejuelas caóticas del mercado abarrotado de gente y puestos varios. Pasamos por el inmenso templo budista de Tsukiji...
...y seguimos en metro al barrio de Roppongi.
Desde Roppongi Hill y sus rascacielos, paseamos por las inmediaciones de la Torre de Tokio. Ésta, con sus 333 metros de altura y su arquitectura inspirada en la Torre Eiffel parisina, es uno de los edificios más característicos de la ciudad.
Desde la torre de Tokio vamos caminando por el parque Shiba hacia el templo de Zojoji. El parque alberga varios árboles centenarios y es especialmente visitado en primavera, con la floración de los cerezos y en otoño con el rojizo del momiji (el término momiji hace referencia al proceso por el que las hojas de los árboles van tomando tonalidades rojizas y doradas según transcurre el otoño y el estado de exaltación emocional que ello genera. El concepto de momiji está arraigado en la cultura japonesa, asociándose a la belleza efímera y al sentido profundo de renovación). Por muchos de los caminos del parque se puede apreciar la estampa de la torre de Tokio en un entorno maravilloso, pero la mayor parte de los árboles aún no tienen el colorido que nos habría gustado encontrar.

Llegamos al templo Zojoji, que es uno de los templos budistas más importantes de la ciudad, fundado a finales de siglo XIV. Es curioso porque por un lado tenemos la arquitectura tradicional del templo, que desprende soberanía y serenidad con sus tejados de madera oscura y las ornamentaciones budistas que nos recuerdan que estamos en un lugar sagrado, y por otro lado tenemos el metal naranja y blanco característico de la torre de Tokio alzándose detrás del tejado del templo, recordándonos que Japón es modernidad y tradición a partes iguales.
Aquí hemos visto a familias vestidas de forma tradicional (¿Ritos similares a nuestros bautizos y comuniones?).

Nos ha llamado la atención el camino de estatuas de Jizo a la derecha del salón principal. Jizō, protector de las mujeres embarazadas y de los niños, es una deidad encargada de proteger las almas de los bebés que han muerto antes de nacer y de los niños que han muerto siendo muy pequeños, a los que se les llama mizuko. Son numerosas las familias que dedican un Jizo a su hijo una vez ha superado una grave enfermedad o como recuerdo de un bebé fallecido. Son las madres y padres los que visten los Jizo con gorros y baberos, de color rojo, tejidos a mano a modo de ofrenda. Estos caminos de Jizo los podemos encontrar en varios templos de Japón, pero en el templo Zojoji destacan porque además de gorrito y babero, les ponen molinillos de viento que dejan una imagen única cuando sopla el viento.
Continuamos hasta la Torre Mori, uno de los edificios más altos de Tokio, y zona artística y cultural con varias galerías de arte. (Araña "Maman" de 10m).
Vuelta al metro y nos vamos al barrio de Harakuju. Bajamos cerca del Parque de Yoyogi y desembocamos en la entrada del Santuario Meiji que, con la paz que transmite el inmenso bosque que lo rodea, supone un marcado contrapunto a la bulliciosa vecina calle Takeshita, que visitaremos más adelante. Merece la pena visitarlo y pasar bajo su inmenso torii y las grandes avenidas peatonales del parque. Muchísima gente por todos los lados, eso sí.

Desde ahí bajaremos por la avenida Omote-Sando viendo tiendas de lujo y la estética de los edificios que la flanquean, algunos muy curiosos. Llegamos hasta Aoyama-dori y seguimos hasta Shibuya, donde la multitud se va haciendo sentir nuevamente.

Llegamos hasta el paso de peatones más famoso del mundo, el Cruce de Shibuya. Dicen que por aquí pasan unas 3.000 personas cada 2 minutos, y efectivamente, tenemos la sensación de ver un hormiguero en plena ebullición.
Lo cruzamos y caminamos por las calles adyacentes para disfrutar de los edificos, pantallas, letreros luminosos, tiendas, luz, sonido. Merecen una mención los camiones de publicidad que llevan el remolque iluminado. Algunos con la música a todo volumen. Publicidad, publicidad, publicidad... ¡por todas partes!

Un punto obligatorio de paso, en Shibuya, es la estatua de Hachiko, perro que es recordado por haber esperado a su dueño en la estación Shibuya cerca de nueve años después de la muerte de éste.
Ya es de noche pero nos adentramos de nuevo en el metro para salir en la concurrida estación del edificio del Ayuntamiento (Tokyo Metropolitan Goverment Building), que cuenta con un mirador en lo alto. Disfrutamos un poco del espectáculo de luces y sonido proyectado sobre el edificio, y volvemos bajo tierra, al hervidero que es el metro; es un laberinto de indicaciones, señales, gente...

Salimos en la bulliciosa estación de Shinjuku. Comemos en un Izakaya antes de adentrarnos realmente en el barrio, en el que alucinamos con la cantidad de neones de las calles y numerosas pantallas con vídeos, como la espectacular pantalla 3D "habitada" por un gato que parece real.


Igualmente impresionante nos parece la cabeza de Godzilla asomando sobre el edificio Toho Cinemas Shinjuku.
Continuamos caminando y curioseamos el barrio rojo de Tokio, Kabukicho, y los callejones Omoide Yokocho (donde cenamos en un pequeño restaurante de ramen) y Golden Gai (con sus bares minúsculos). Nos encontramos con un festival que se celebra en el templo Hanazan; hay muchísima gente pero el ambiente es tranquilo. Puestos de comida, venta de ofrendas... de repente parece que estuviésemos en cualquier otro país asiático, con basura acumulada por las esquinas, fritangas...
Una de las cosas que merece la pena comentar de Japón es el orden y la limpieza. Todo está im-po-lu-to. Parece exagerado pero es prácticamente imposible encontrar un papel o plástico por el suelo, nadie tira nada de basura. La cultura de la limpieza está tan anclada en la sociedad japonesa que en las calles de Tokio no hay ni papeleras: cada uno se lleva sus desperdicios a casa.

Tokio es inmenso y nos estamos dando una buena paliza. Afortunadamente el transporte público de Japón es súper eficiente y fácil de utilizar una vez que uno ha entendido como funcionan las redes de metro y trenes por lo que, a pesar del tamaño de la ciudad, se llega relativamente rápido y fácilmente a los sitios.

Nuevo día. Hay que probarlo todo, así que nos atrevemos con el natto, habas de soja fermentadas que se toman a menudo en el desayuno. Es extraño, con un aspecto viscoso y un gusto no demasiado agradable, al menos para un paladar estándar europeo.
Tras esta extraña experiencia culinaria, cogemos un metro hasta la Estación de Tokio, una de las más emblemáticas de la capital y con una maravillosa fachada que, a pesar de los bombardeos de la II Guerra Mundial e incendios, luce igual que cuando fue inaugurada a comienzos del siglo XX. El contraste con los rascacielos, detrás, es cuanto menos curioso, parece de juguete.
Antes de salir de esta estación recomendamos perderse por el hormiguero subterráneo que la caracteriza, con cientos de tiendas y restaurantes; tantos que podrías pasarte el día entero bajo tierra sin problema.

Salimos por la plaza Marunouchi y caminamos hasta el Palacio Imperial de Tokio, la residencia del Emperador de Japón y un edificio construido sobre el antiguo Castillo de Edo. Aunque no se puede visitar por dentro, sí hemos visto la panorámica desde la explanada de Kokyo Gaien, desde donde se pueden ver los puentes Nihubashi y los Jardines del Este.
Caminamos por la zona de Yurakucho, una parte muy curiosa de Tokio, repleta de restaurantes y tiendas bajo las vías del tren. Luego disfrutamos de la arquitectura del Foro Internacional de Tokio, en cristal y muy aéreo. Siguiendo por la arteria principal de Ginza, destaca la impresionante arquitectura de sus edificios y las lujosas tiendas de marcas nacionales e internacionales de moda y tecnología.
Cogemos la línea de monorail Yurikamome hasta Odaiba. Totalmente automatizado y, por tanto, sin conductor. Cruzamos el impresionante Rainbow Bridge. Una vez en esta isla artificial de Odaiba, contemplamos echarse la noche sobre la ciudad desde el otro lado. Vemos también la curiosa réplica de la Estatua de la Libertad.
¡Hey, mira quién está por aquí! ¡Konnichiwa, chicas!

Los barrios de Shimbashi y Shiodome, conocidos por ser los más frecuentados por los "salaryman", los oficinistas japoneses, que identificarás rápidamente por sus trajes de chaqueta normalmente negros acompañados de camisa blanca. Aunque quizás no tan imprescindibles como todos los anteriores, nos parece que dan otra perspectiva de Tokio y son muy agradables para caminar. Shimbashi es peculiar por la cantidad de izakayas, o tabernas japonesas tradicionales, que entran en ebullición por la tarde, cuando los trabajadores salen a desfogarse después de su jornada laboral. Tiene un aire retro.

Shiodome contrasta con Shinbashi por sus altos rascacielos, repletos de oficinas donde trabajan los salaryman hasta el atardecer. Peatones pasando por pasarelas y carreteras a diferente altura... simplemente con caminar un poco sin rumbo ya tenemos bastante, y vimos de casualidad el bonito reloj Ghibli que hay en la zona.
Subimos a lo alto del centro comercial Caretta Shiodome, desde el que hemos tenido una bonita panorámica de Odaiba y el río Sumida. Solo el subir y bajar, a toda velocidad, en el ascensor de cristal hasta la planta 47 merece la pena.

Llega el momento de irnos de Tokio y decimos definitivamente adiós a nuestra cámara. Vaya este pequeño homenaje a sus años de servicio tras muchos miles de fotografías en diferentes países.
Vuelo a Tanabe y... ¡sorpresa! Vista perfecta del Monte Fuji que nos acompaña durante un buen rato. Vista la aureola de nubes que tiene en la base, desde sus pies no se debe ver gran cosa. ...y con su puntita nevada. Se ha vestido para la ocasión con su traje típico... ¡hemos tenido suerte!
Hemos llegado hasta aquí con la idea de caminar por el Kumano Kodo, una red de caminos que conectan varios santuarios y uno de los caminos de peregrinación más famosos de Japón. Esta red de caminos está "hermanado" con el Camino de Santiago (ambos son las dos únicas rutas de peregrinación consideradas como Patrimonio de la Humanidad).

Nos alejamos un poco del bullicio de la gran ciudad y nos sumergimos en un entorno de vegetación y montañas. Parece ser que el camino es conocido de los peregrinos del Camino de Santiago porque nos hemos cruzado con bastantes personas de origen español, algunos de los cuáles, habiendo completado el Camino de Santiago, buscan obtener el certificado de "Dual Pilgrim", reconocimiento otorgado a las personas que completan ambos caminos.

Iniciamos el camino caminando entre pinos y, vamos pasando por templos de diferentes tamaños. Sellamos, en cada uno de los puestos que vamos encontrando, el "pasaporte" que nos han dado al inicio del camino...






16 km. y más de 1100 m+ de desnivel cargados con las mochilas en este primer día de marcha... creo que nos hemos merecido una buena cena.
El símbolo del Kumano Kodo es el Yatagarasu, cuervo sagrado de tres patas. En la región de Kumano se cree que los cuervos sagrados Yatagarasu son los mensajeros de los dioses y que sus tres patas simbolizan los tres clanes de la región: Ui, Suzuki y Enomoto. Otras interpretaciones dicen que las tres patas representan el cielo, la tierra y la humanidad y la armonía entre estos tres planos y que el Yatagarasu actúa como mensajero divino que conecta a los dioses con el mundo humano.
El cuervo normalmente se considera un pájaro de mal augurio, aunque también se le considera un buen guía para abrirse paso en tierras desconocidas. De hecho, en la mitología japonesa encontramos la historia del emperador Jimmu, que se perdió en las montañas de Kumano y fue precisamente un cuervo Yatagarasu quién le mostró el camino, por eso las tres patas también refuerzan la idea de camino correcto y dirección justa.
Comenzamos nuevo día caminando con mucha niebla, lo que le da un aire místico al camino.

De cuando en cuando vamos disfrutando del momiji...
Un precioso templo, rodeado de árboles enormes, al que se accede por una escalinata tras este torii.

Seguimos avanzado paso a paso, templo tras templo...

...hasta llegar a uno de los puntos culminantes del camino: el Gran Santuario de Kumano Hongu Taisha.

Continuamos hasta cruzar la gran puerta de madera que nos llevará hasta el Gran Santuario, corazón de la ruta de peregrinación del Kumano Kodo.
El santuario tiene una gran belleza rodeado del bosques, y un cierto aire "espiritual". Hay algunos fieles rezando. Caminamos entre los templos, nos sellan nuestra tarjeta de Peregrinos (lo nuestro nos ha costado). Y seguimos caminando hacia la entrada "oficial" del santuario (salida en nuestro caso). Mientras bajamos por una larga escalinata de piedra flanqueada por grandes banderolas blancas, rodeados de cedros y otros árboles centenarios de gran tamaño, hasta atravesar el torii de entrada y sus enormes banderolas, se va notando el cansancio acumulado.





Antes de irnos, nos acercamos a echar un vistazo al que es el Mayor torii del Mundo: En el pasado, el gran santuario de Kumano Hongu Taisha no estaba donde esta hoy en día. De hecho, se encontraba en la lengua de arena del río Kumano, llamada Oyunohara. Tras una gran inundación, en 1889, el santuario se trasladó a su ubicación actual, a aproximadamente un kilómetro de distancia y hoy marca su antigua ubicación en Oyunohara un gran torii de 34 metros de alto, el mayor del mundo. Y realmente es impresionante. Del pasado de Oyunohara no queda prácticamente nada, sólo encontramos un par de santuarios de piedra y poco más.

¡Menuda paliza! ¡Y con la mochila a cuestas! ...normal que estemos cansados.

Para relajar un poco las piernas nos vamos a tomar un baño en un onsen. Los onsen son baños tradicionales japoneses, que aprovechan el calor de las aguas termales provenientes de actividad volcánica. Tradicionalmente hombres y mujeres se bañaban juntos en los onsens, pero la separación por sexos se ha impuesto desde la apertura de Japón a Occidente ya que la tradición exige tomar el baño desnudos. El onsen que hemos visitado tiene un baño interior, separado por sexos, para que las personas puedan tomar el baño a la manera clásica, desnudos, y un baño mixto, exterior, a la orilla del río, en el que utilizar los atuendos proporcionados por el establecimiento (una especie de bañador de tipo short para los hombres y un batín para las mujeres).

Disfrutamos tranquilamente de nuestro baño (del que no hay fotos por razones obvias) bajo las estrellas, con el murmullo del río que nos rodea, una grulla posada en la rama de un árbol... ¡hmmm! podríamos quedarnos aquí hasta estar completamente encallados.

En la zona de Hongū hay tres pueblos onsen de gran interés: Yunomine Onsen, Kawayu Onsen (y Wataze Onsen que no visitaremos). Kawayu Onsen es un pueblecito popular en el que las aguas termales salen de manera natural a orillas del río. En verano es muy popular bañarse en el río y cavarse su propio onsen a orillas del río; mientras que en invierno se puede disfrutar del baño al aire libre en el establecimiento onsen junto al río. Por la mañana, al levantarnos, había bastante niebla que hacía que las vistas del río con los onsen humeando tuviesen un aspecto un poco fantasmagórico.

Tomamos un bus para visitar Yunomine Onsen, donde se encuentra el baño termal Tsuboyu, un pequeño baño de roca natural designado Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO (es una mini poza donde caben solamente dos personas y donde hay que esperar su turno para disfrutar de la exclusividad del onsen durante unos 20-30 minutos). El pueblo tiene mucho encanto, envuelto en los vapores del río (aquí mas bien riachuelo), los colores de las banderolas del templo y las casitas del pueblo... Y hemos tenido suerte y hemos podido disfrutar de una familia de monos que estaban con sus tareas de higiene matutinas.




El gran santuario de Kumano Nachi Taisha es uno de los tres grandes santuarios que conforman la extensa red de caminos de peregrinación de Kumano o Kumano Kodo, (junto al Kumano Hongu Taisha). El precioso santuario de Kumano Nachi Taisha, famoso por la vista de su pagoda delante de una cascada, bien merece una visita. Este santuario es un ejemplo perfecto de la convivencia de las religiones sintoísta y budista en el área de Kumano.

Empezamos la visita al santuario, a pie, por la cuesta Daimonzaka (final del camino Kumano), precioso camino empedrado de 267 peldaños y unos 650 metros de largo que serpentea por un precioso bosque. Está flanqueada por enormes y centenarios cedros y árboles de alcanfor kusunoki y lleva desde el valle de Nachi hasta la base del gran santuario Kumano Nachi Taisha. Su nombre significa literalmente "cuesta de la gran puerta" y hace referencia a una enorme puerta que se encontraba al final del camino.

Es una cuesta preciosa, que comienza donde hay dos cedros de más de 800 años de antigüedad con sus raíces entrelazadas, razón por la cual reciben el nombre de Meoto-sugi o "cedros casados".
La naturaleza es tan espectacular que te olvidas de lo larga y dura que es la cuesta.
Al subir las últimas escaleras de acceso, se cruza un gran torii rojo y se llega a la explanada donde se encuentra el gran santuario de Kumano Nachi Taisha. Desde esta explanada hay unas vistas espectaculares de las montañas de la península de Kii, mientras recuperamos el aliento.

Tomamos un momento para presentar nuestro respeto según el uso local.


En la explanada hay un árbol de alcanfor sagrado, que tiene más de 850 años de edad y cuenta la leyenda que fue plantado aquí en el siglo XII por Taira-no-Shigemori. Hemos podido entrar en su interior, hoy convertido en kami o deidad sintoísta.
Situado justo al lado del gran santuario está el templo Seiganto-ji. Un templo budista de la escuela Tendai fundado a comienzos del siglo V. Es, además, la estructura más antigua de la zona de Kumano y Patrimonio Cultural de Japón. Este templo forma parte de la ruta de peregrinación Saigoku Kannon, la más antigua de Japón. El edificio actual es una reconstrucción de 1590 después de que la estructura anterior fuese destruida por Oda Nobunaga.

Nada más salir del templo nos encontramos con la imagen más popular de toda la zona de Kumano: la cascada de Nachi tras una pagoda roja de tres pisos, muy fotogénica, ¿verdad chicas? Con 133 metros de alto y 13 metros de ancho, es la cascada más alta de Japón.

Damos el Kumano Kodo por finalizado y nos vamos hacia Kii-Katsura, ciudad costera. Nos levantamos prontito para aprovechar a ver el mercado de atún (ya que ciudad tiene el mayor puerto de atún de Japón). Aquí vemos descargar cientos de atunes de un barco, lavarlos, ir colocándolos con una rapidez y orden increíbles, pesándolos, anotando el peso y recolocándolos, e ir apartando algunos para compradores. Y tras disfrutar un poco de este momento (es una pena, pero no podemos quedarnos a la subasta), nos tenemos que ir al tren, dirección Kioto.



Nada mas bajarnos del tren descubrimos la Kyoto Station: construida en 1997, con aires futuristas en cristal y metal, un atrio de 470 m. de ancho y 60 de alto. Por supuesto con su centro comercial, numerosos restaurantes, galerías, hoteles de lujo y la oficina de turismo, es todo un monumento a visitar. Normal que haya tal marabunta de gente que en ocasiones sea complicado cambiar de dirección entre la gente (deben pasar por aquí unos 250.000 personas al día).

Y al salir, uno se encuentra de frente con la Kyoto Tower: 131 m de alto. Muy bonita también iluminada por la noche. En su Food court comeremos varias veces.

El templo Kinkaku-ji, o Pabellón Dorado, que no necesita presentación porque la imagen es muy conocida. El jardín es muy bonito, y tiene un colorido precioso con el otoño. Al llegar al estanque, la vista con el reflejo del edificio en oro, brillante, es muy bonita. Conseguimos hacernos un hueco entre la gente para hacer algunas fotos.
¡¡ momiji, momiji !!... :)
Callejeando por el barrio de Higashiyama, situado en la ladera de un montaña, y antes de llegar a Kiyomizu-Dera, por calles como la Ninenzaka, podemos disfrutar de estas vistas del atardecer con este torii y una pagoda al fondo
El acceso al templo Kiyomizu-dera es bastante caótico entre las tiendas de dulces, recuerdos, y miles de turistas, pero vale la pena si se tiene algo de paciencia. El templo Kiyomizu-dera es uno de los templos budistas más visitados del país y el emblema de la ciudad. Fundado en el siglo VIII, su nombre significa "templo del agua pura" en alusión al manantial que se encuentra bajo el complejo. Su pabellón principal cuenta con una enorme terraza con vistas a la ladera de la montaña, sostenida por cientos de vigas de madera. La estructura de madera, suspendida sobre un bosque de columnas, da la sensación de ser más un escenario que un templo. Una hermosa pagoda roja domina el lugar y nos da la bienvenida.
Se nos hizo de noche para la foto.
El pabellón principal es impresionante, pero hay más cosas que ver dentro del recinto: Senderos tranquilos, pequeños altares, y también el Manantial Otowa, en honor al cual el templo fue fundado. Aquí los visitantes beben agua que promete salud, sabiduría o amor, según el canal que uno elija. (Puedes seguir la costumbre si quieres, si tienes pulso firme y paciencia para sostener el cucharón de metal sin derramar medio litro sobre la camiseta).
Callejeando ahora ya casi sin gente por la calle Sannenzakay (calles empedradas, con casitas tradicionales de madera, convertidas, por el día, en un hervidero de turistas y tiendas de recuerdos) nos encontramos con la bonita pagoda de Yasaka, esta en madera sin pintar. Impresionante y con una iluminación muy discreta.
Por estas callejuelas nos hemos cruzado con una geisha. Deben vivir por esta zona, estamos cerca del barrio de Gion.

Con motivo del momiji, el templo To-Ji está abierto unas horas por la noche para poder disfrutar de los colores con una iluminación especial. La verdad es que el complejo, con los colores, el estanque y el reflejo de la pagoda, una grulla posando para nosotros, y varios edificios señoriales, tiene mucho encanto. Eso sí, pasamos un poco de frío con la humedad. Su pagoda de cinco pisos es la más alta de Japón y uno de los iconos visuales de Kioto.



Se va aproximando el final del viaje. Nos levantamos prontito para aprovechar bien el día y nos vamos directos al Santuario Fushimi Inari. Un clásico de Kioto, este es el santuario sintoísta más grande de Japón. Erigido en el año 711, está dedicado a Inari, la diosa del arroz. Su belleza se revela durante una caminata hasta la cima de la colina, bajo 10.000 puertas torii bermellón con bases negras. Los torii, estas grandes puertas, marcan la separación entre el espacio sagrado y el mundo profano, entre el reino terrenal y el más allá, habitado por espíritus, deidades y dioses. Fuentes, pequeños santuarios, oratorios, estatuas de zorros y faroles bordean el camino. Estas puertas torii fueron financiadas por empresarios, empresas o grandes corporaciones, y sus nombres y fechas de instalación se pueden leer detrás de los postes.







Para finalizar este pequeña visita a Tokio, caminamos por el Sendero de la Filosofía, un paseo de dos kilómetros a orillas de un canal con cerezos y puentecillos. Llamado así en memoria del filósofo japonés Nishida Kitaro, a quien le encantaba pasear por allí mientras meditaba. Hay varios templos con jardines preciosos muy cerca que merecen la pena, pero ya no tenemos tiempo... ¡para la próxima vez!
Y de aquí al tren bala, el Shinkansen, que no podíamos dejar de probar y que nos lleva de vuelta a Tokio. Volvemos a ver el Monte Fuji, esta vez desde tierra, a toda velocidad. Llegamos a Tokio ya de noche y nos damos una última comilona de pescado crudo :D

Y hasta aquí podemos contar, de este pequeño viaje que se nos ha pasado en un abrir y cerrar de ojos.

Japón es un país bastante peculiar, con costumbres extrañas a ojos de occidentales estándar como podríamos catalogarnos nosotros, y hay infinidad de costumbres, vestimentas, gestos cotidianos, que han llamado nuestra atención. Para acabar, aquí debajo dejamos algunas de las cosas más curiosas que hemos visto.

- Personas vestidas como su personaje de animación preferido (cosplay).
- Salas de pachinko (visto más arriba).

- Grupos musicales de chicas adolescentes y sus seguidores, la mayor parte adultos entrados en edad, que se saben de memoria sus coreografías.


- Smart toilets o wc calefactado con chorrillo de agua (y música ambiental). Hasta este viaje no habíamos tenido ocasión de probar este invento y la verdad es que es bastante práctico.
- Los kimonos disponibles en los establecimientos hoteleros.
- Diferentes estilos de moda harajuku, kawaii, etc, y vestimenta de las chicas que anuncian los maids café en la calle, o dependientas de tiendas de moda
- La locura de colores, sonidos, imágenes y todo lo que uno se pueda imaginar para atraer la atención del consumidor. Tiendas monotemáticas dedicadas completamente a uno u otro personaje de animación.
- Señales en el metro para guiar a la gente o avisar de un peligro.
- Las cuidadoras de las guarderías paseando a los niños en carritos.
- Las tiendas gachapon que venden juguetes o figurillas de poco valor en máquinas expendedoras. Cada máquina tiene un cartel que indica la colección, el precio de la unidad y las opciones disponibles. Cuando uno extrae una bola no sabe qué elemento de la colección le ha tocado y, como los japoneses están verdaderamente enganchados a esta manera de coleccionar, uno se puede encontrar colas enormes enfrente de una máquina con una colección más popular o personas que han sacado infinidad de bolas para ver si les entra la figurilla que les falta... ¡Están locos estos romanos!

¡Sayōnara! ¡Hasta pronto!