Charente Marítimo - Junio 2020


Dada la situación sanitaria que estamos atravesando, teniendo en cuenta que no se puede viajar donde nos gustaría (de hecho casi no se puede ni salir del país), decidimos hacer una escapada en bici por el departamento de Charente Marítimo (en la costa atlántica francesa) que no nos pilla muy lejos.

El caso es que este viaje "obligado" es finalmente una excelente idea porque, aparte de todas las cosas que hemos visto y disfrutado, y que mostramos a continuación, el departamento cuenta con una extensa red de vías ciclistas que permiten circular en toda seguridad, tranquilamente, sin molestar ni ser molestado por el tráfico.

Llegados al punto que hemos elegido para iniciar esta aventura bicicletera, cargamos las alforjas y comenzamos a pedalear.



Lo primero que nos encontramos son estas curiosas cabañas de pescador, típicas de la región, diseminadas a lo largo de la costa en las diferentes poblaciones que iremos atravesando.



El esbelto y fotogénico faro de la Coubre, el más alto de la costa charentaise.



El impresionante puente suspendido de Tonnay-Charente, en las inmediaciones de la ciudad de Rochefort.



El Hermione, réplica del navío de guerra francés homónimo que estuvo en servicio entre 1779 y 1793. Su reconstrucción comenzó en 1997 en el arsenal de Rochefort. El Hermione de 1779 es famoso por haber conducido al Marqués de La Fayette a los Estados Unidos para unirse a los insurgentes americanos en su lucha por la independencia.



Rochefort es históricamente conocida por haber sido un puerto de guerra, con un importante arsenal, gracias a su situación en el medio de la fachada atlántica y al fondo de una ensenada protegida por islas que brindaban una protección contra las flotas enemigas. La ciudad cuenta numerosas construcciones y edificios de esta época como la Cordería Real, enorme edificio con varios pabellones donde se fabricaban las maromas para la armada (que podían llegar a medir varios cientos de metros).

En Rochefort encontramos también este puente transbordador, prácticamente idéntico al de Portugalete, y que fue inaugurado el 29 de julio de 1900.



Seguimos ruta y llegamos hasta La Rochelle, capital del departamento. Su nombre procede de la palabra "roche", roca, porque está construida sobre una plataforma rocosa, y sus orígenes se remontan al siglo XI. Gracias a su excelente ubicación geográfica, la ciudad ha conocido a lo largo de la historia un enorme desarrollo y prosperidad.

El casco viejo de la ciudad tiene varios edificios del siglo XII. Las torres que protegen la entrada al puerto datan de los siglos XIV y XV.





La ciudad de La Rochelle alberga también numerosos museos, entre ellos el conocido acuario que tendremos que dejar para una próxima visita.

Uno de los inconvenientes de viajar en bicicleta es que se pasa la mayor parte del día haciendo eso, viajando, por lo que no se tiene tiempo de parar a visitar con calma los diferentes puntos de interés turístico. Sin embargo se tiene mucho más tiempo para disfrutar tranquilamente de los paisajes, a ritmo de pedal, así como de las pequeñas cosas que uno no puede apreciar cuando se viaja rápido, como estas malvas reales que están por todos los lados. Parece que hemos llegado en el buen momento para disfrutar del colorido de las flores...



... las hortensias son enormes!!!



Pedal a pedal llegamos hasta el punto más al norte de este recorrido. Marans, ciudad fluvial, cuyo principal interés son sus numerosos canales. No en vano la región es conocida como la "Venecia verde".



Tras un paso fugaz por la región tenemos que volver a ponernos en marcha...



...haciendo algún que otro alto para disfrutar de esas pequeñas cosas (en este caso lo de pequeño es literal)...



...atravesando de nuevo La Rochelle para poder acceder a la isla de Ré, uno de los puntos que más ganas tenemos de visitar durante este viaje.



La isla de Ré resulta un destino turístico bastante apreciado por los ciclistas porque está cubierta de carriles bici. Ya al llegar al largo puente que la conecta con el continente, de casi 3 km., vemos que sólo se puede acceder a la isla en coche (previo pago de un caro peaje) o en bici. El puente en sí es un atractivo turístico y atravesarlo pedaleando resulta bastante curioso por sus dimensiones y el tiempo que le lleva a uno llegar al otro lado.





Dejamos atrás el puente y buscamos un sitio donde acomodarnos para pasar la noche. Acabamos la jornada con una preciosa puesta de sol.



Durante la época romana la isla de Ré era un archipiélago conformado por varias islas pequeñas. A día de hoy el espacio entre las islas se ha ido llenando progresivamente por una combinación de actividad humana y sedimentación.

Las principales actividades económicas de la isla, aparte del turismo, son la pesca y las salinas.



Debajo de esta línea unos locales metidos hasta la cintura en el fango, trabajando, en lo que nos pareció algo relacionado con la recogida de marisco... !!?? (Ni idea de lo que estaban haciendo, vaya).





Las salinas se encuentran diseminadas por toda la isla y en algunos puntos del camino hay puestos de venta de sal en autoservicio. Nosotros hemos comprado un paquete de flor de sal que probaremos en cuanto volvamos a casa.



Un melenudo bien simpático :)



El faro de las Ballenas, en la punta oeste de la isla, y desde el que hay una vista panorámica de casi toda la isla.









Una de las mejores cosas que uno puede hacer en esta región es disfrutar de la gastronomía local de la que, como no podía ser de otra manera, destacan los pescados y mariscos bien fresquitos. Ostras, mejillones, calamares, sardinas... ñam, ñam!



Y para bajar la cena, otro paseo por la playa a la caída de la noche.



Es hora de dejar la isla. Salimos por donde entramos, el único punto de acceso al continente.



Adiós a la isla de Ré...



... y volvemos a pasar por La Rochelle donde, tras una última visita rápida, tomaremos un ferry que nos llevará a la isla de Olerón, la otra isla mayor del departamento de Charente Marítimo.





Haciendo cola para tomar el ferry que, en menos de una hora, nos dejará en la isla de Oléron.



Durante el viaje podemos ver el fuerte Boyard, construído alrededor de 1800 para formar una línea defensiva y proteger el arsenal de Rochefort de la Armada Real de las incursiones enemigas. El fuerte Boyard se ha hecho últimamente popular por el programa de televisión "Fort Boyard" emitido en la televisión francesa desde 1990.



Uno de los últimos alojamientos que probamos durante este viaje. Este no estaba mal, tranquilo, sombreado...



...y con un magnífico restaurante, con unas excelentes vistas, desde donde disfrutar el desayuno para comenzar el día estupendamente.



Pedaleando por la isla nos encontramos estas coloridas casetas de pescadores que hoy día han sido reconvertidas en talleres de artesanía. Aún así, en la región se siguen utilizando los canales para la ostricultura, como el de esta foto, que se llenan y vacían al ritmo de las mareas para alimentar los estanques donde se siguen produciendo cantidades enormes de ostras.



Estos artilugios son los soportes colectores donde las ostras se adhieren durante su crecimiento.



Un paisano preparando mejillones a la brasa. Hmmm...



Desde Le Château-d'Oléron podemos ver el puente de esta isla, que no tiene nada que envidiar al puente de la isla de Ré -son casi de la misma longitud-, y que atravesaremos para volver al continente.



Un último vistazo al mar. Una vez que estemos en casa, tardaremos en volver a verlo.



Y de vuelta al continente pasando por el citado puente sobre el que sopla un viento de mil demonios.



Dejamos atrás la isla...



...y volvemos sobre nuestros pasos, o rodadas...



... pasando de nuevo por el faro de La Coubre donde hacemos una última pausa...



...antes de recorrer los últimos kilómetros de este viaje que habrá sido corto en tiempo pero intenso en sensaciones.




Sevilla - Noviembre 2019 -


Brevísimo paso por Sevilla donde hemos llegado más por casualidad que por voluntad propia. Habíamos estado en Sevilla hacía muchos años y, desafortunadamente, no habíamos guardado un recuerdo especial. Decimos "desafortunadamente" porque esta ciudad merece mucho más la pena de lo que recordábamos. En esta ocasión nos ha dado tiempo a recorrer rápidamente los lugares y monumentos de obligada visita pero nos habríamos quedado unos cuantos días más para disfrutar tranquilamente de todo lo que Sevilla tiene para ofrecer al visitante.

Comenzamos por la Plaza de España, impresionante monumento semicircular abierto al parque de María Luisa, que es el resultado final de varios proyectos que se sucedieron durante la gestación de la Exposición Iberoamericana de 1929. Sin duda, uno de los monumentos más bellos e impresionantes de España, por su tamaño y singularidad.





Si la Plaza de España es bonita, el Real Alcázar de Sevilla no le va a la zaga. El conjunto palaciego amurallado, construido en diferentes etapas históricas y cuya primera edificación se remonta a la Alta Edad Media, conserva vestigios de arte islámico y de la etapa posterior a la conquista castellana.



Los pórticos y arcos realizados en diferentes estilos y materiales se suceden dejando paso a suntuosas estancias de ricas decoraciones.



Caminando a lo largo de las galerías y salas se pueden admirar los magníficos azulejos que cubren las paredes.





El salón de Embajadores está cubierto por una preciosa cúpula semiesférica dorada.





Los jardines del Alcázar, los más antiguos de la ciudad, son un buen ejemplo de la herencia musulmana.



Desde ellos podemos ya divisar la Giralda, la torre campanario de la catedral de Santa María. Los dos tercios inferiores de la torre corresponden al minarete de la antigua mezquita de la ciudad, de finales del siglo XII, en la época almohade. El tercio superior es una construcción sobrepuesta en época cristiana para albergar las campanas.



En su cúspide se halla la estatua de bronce que representa el Triunfo de la Fe, que tiene función de veleta, y que se conoce como el Giraldillo - ¡¡El segundo Giraldillo que vemos este año!! Qué duda cabe de que aquella está en cierto modo inspirada en éste.

La Giralda fue durante siglos la torre más alta de España, así como una de las construcciones más elevadas y famosas de toda Europa.

En la entrada de la catedral se encuentra una copia del Giraldillo que permite apreciar de cerca las dimensiones de la figura-veleta.



La catedral de Sevilla, de estilo gótico, es la más grande del mundo (mayor superficie). Su construcción se inició hacia 1401 sobre el solar que quedó tras la demolición de la antigua mezquita de la que se conservan el alminar (la Giralda) y el patio (de los Naranjos).



El templo acoge los restos de Cristóbal Colón.



Desde la Giralda hay unas vistas espectaculares de la ciudad de Sevilla: los tejados de la catedral, el Alcázar, las torres de la plaza de España y el Guadalquivir al fondo, esto por un lado...



...por el otro lado el puente del Alamillo, que da acceso a la Isla de la Cartuja, y las "Setas de Sevilla" - Metropol Parasol...



...o la Torre Sevilla, que osa desafiar la hegemonía de la Giralda en lo que a altura se refiere.



Un último vistazo a la Giralda, desde el Patio de los Naranjos, antes de abandonar el complejo de la catedral.



Mención especial merecen las tapas y raciones de la capital hispalense, como estos ricos pescaditos que nos ayudan a retomar fuerzas antes de seguir pateando la ciudad.



No hemos tenido tiempo para visitar mucho más, por lo que tendremos que volver a Sevilla para volver a disfrutar de las buenas sensaciones que nos ha generado. Por el momento, decidimos despedirnos con un último paseo por la Plaza de España y el parque de María Luisa...



(pasando por Palencia)



...donde descubrimos otros buenos ejemplares de estos enormes ficus que tanto nos gustan :)



Sevilla tiene un color especial... ♪♫♫♪♪